Joaquin Muller Joaquin Muller

La doctrina del shock
La Escuela de Chicago de economía creó una agrupación de académicos conservadores cuyas ideas estaban en contra del pensamiento estatista del momento. Milton Friedman era el que lo llevaba adelante. El mismo intentaba, al igual que Cameron, regresar a las personas al estado natural, donde reinaba el equilibrio. Cameron apuntaba a devolver a la mente humana a ese lugar mientras que Friedman quería eliminar los patrones de la sociedad y devolverlas a un capitalismo puro, libre de toda regulación por parte del Estado. Ambos creían que cuando la economía estaba muy distorsionada, solo se podía utilizar el shock. Cameron usaba electricidad para provocarlos; Friedman escogió la política, exigiendo a los políticos de países en dificultades que adoptaran el tratamiento del shock.
Frank Knight, fundador de la Escuela, consideraba a la oferta, demanda, inflación y desempleo como fuerzas fijas e inmutables; eran características sagradas del sistema. Sostenía que si las economías sufrían desperfectos era porque los políticos no dejaron que el mercado alcanzase el equilibrio por sí solo. Si al mercado se lo dejaba a su libre albedrío sería un edén de pleno empleo e inflación cero.
Sin embargo, Friedman no podía recurrir a ninguna economía que demostrase que si se eliminaban todas las distorsiones lo que quedaba era una sociedad perfecta. Por el momento, tuvo que contentarse con elaborar ecuaciones matemáticas y modelos computarizados.
Para los de la Escuela de Chicago el libre mercado es un sistema científico perfecto, donde los individuos, siguiendo sus propios intereses, crean el máximo beneficio para todos. Creían que si algo no funcionaba bien, se debía a que no sostenía auténticamente los fundamentos del libre mercado.
Las ideas de Friedman consistían en una búsqueda de la forma más pura de democracia participativa, puesto que en el libre mercado todos los hombres pueden votar. Mientras que los izquierdistas proponían liberar a los trabajadores de sus jefes, a los ciudadanos de la dictadura y a los países del colonialismo, Friedman prometía libertad individual, donde el ciudadano estaba por encima de cualquier actividad colectiva. Ambos los marxistas y los de Chicago afirmaban que si lograban sus objetivos, alcanzarían la perfección y el equilibrio.
Sin embargo, los marxistas tenían en claro el plan de acción: una revolución. Por el contrario, los de Chicago no lo sabían. Veían interferencias por todos lados, lo que perjudicaba la capacidad del mercado. Su enemigo era el keynesianismo, la socialdemocracia y los desarrollistas en USA, Europa y el Tercer Mundo, respectivamente. Lo que buscaban era una reforma, un retorno al capitalismo puro.
Friedman se unió a Hayek para formar la Sociedad de Mont Pelerin pero la sociedad tenía recuerdos muy vívidos de la Gran Depresión y la Segunda Guerra, por lo que abrazaban los programas públicos que ofrecían puestos de trabajo. Keynes advirtió que si implementaban una política de laissez-faire con respecto a Alemania, las consecuencias serían terribles. Por lo tanto, debían garantizar un nivel de dignidad básico para que los ciudadanos no se tornaran de nuevo a ideologías más seductoras.
En este ambiente, los políticos nacionalistas pusieron en práctica las ideas desarrollistas, otorgando dinero público para infraestructuras, ofreciendo subsidios y evitando la entrada de productos extranjeros con aranceles altos. Así, lograron aumentar las clases medias y los niveles de alfabetización en América Latina. Por ello, a casi nadie le interesaban las ideas de Friedman, excepto a pocas personas poderosas.
De todos modos, la revolución keynesiana contra el laissez-faire le estaba saliendo muy cara al sector privado.
El programa económico del movimiento neoconservador que propuso Friedman se caracterizaba, en primer lugar, por la eliminación de reglamentaciones que dificulten la acumulación de beneficios. Asimismo, los gobiernos deben vender todos los activos a capitales privados. Y en tercer lugar, deben recortar los fondos asignados a programas sociales. Dentro de la desregulación, privatización y recortes, existían salvedades. Los impuestos debían ser bajos y todos debían pagar lo mismo. Las empresas podían vender en cualquier parte y el gobierno no debería intentar proteger a las industrias o a los propietarios locales. Los precios debían ser establecidos por el mercado. El salario mínimo no debería existir. Abogaba por el resumen del abandono del New Deal. Se pretendía que los trabajadores abandonasen las medidas de protección que habían logrado y que el Estado abandonara los servicios que ofrecía. En resumen, quería expropiar lo que gobiernos y trabajadores habían conseguido.
La visión de Friedman coincidía con la de las grandes multinacionales, que querían un mercado sin trabas. En la primera etapa de expansión capitalista, el colonialismo aportó crecimiento, descubriendo nuevos territorios y apoderándose de las tierras gratuitamente. La guerra declarada contra el Estado de bienestar prometía un nuevo frente de enriquecimiento, donde lo que había que conquistar era el Estado.

La guerra contra el desarrollismo
Eisenhower resultó dispuesto a emprender medidas rápidas y radicales para derrotar el desarrollismo en el extranjero.
En 1953, Irán estaba dirigido por un desarrollista e Indonesia por Sukarno, que hablaba de unir las potencias nacionalistas del Tercer Mundo. También, en el Cono Sur los nacionalismos económicos estaban teniendo mucho éxito. Las empresas extranjeras localizadas en América Latina planteaban a sus gobiernos quejas relacionadas con mercancías estancadas en aduanas y sueldos bajos, producto de las ideas de nacionalización de las compañías y la independencia económica del continente.
Por este motivo, en 1953 la CIA lanzó golpes de Estado contra gobiernos del Tercer Mundo, primero a Irán y luego a Guatemala. Pero erradicar el desarrollismo en el Cono Sur resultaba una tarea mucho más difícil.
Así, surgió un plan para convertir a Santiago de Chile en un laboratorio para poner a prueba las teorías de Friedman. El gobierno estadounidense pagaría para enviar estudiantes chilenos a aprender economía en la Universidad de Chicago. El objetivo era producir combatientes ideológicos que ganaran la batalla de las ideas contra los economistas desarrollistas de América Latina.
Se creó un taller de Chile, donde presentaban un diagnóstico ideologizado de los problemas del país sudamericano y ofrecían soluciones científicas para arreglarlos. Se les enseño a despreciar los intentos de aliviarla pobreza y muchos se dedicaron a diseccionar las locuras del desarrollismo latinoamericano.
Cuando el primer grupo regresó a su país, convirtieron a la Facultad de Económicas en un pequeño centro de la Universidad de Chicago. Ahora ya no hacía falta que viajaran a USA. El propósito del proyecto era formar líderes intelectuales de los asuntos económicos de Chile.
A principios de los 60, los marxistas defendían nacionalizaciones masivas y reformas agrarias; los centristas querían una cooperación entre países para transformar la región en un poderoso bloque comercial que pudiera hacerle frente a Europa y USA. Se estaba dando un giro a la izquierda.
En 1962, el presidente de Brasil quería redistribuir la tierra, ofrecer salarios más altos y obligar a las multinacionales a reinvertir parte de los beneficios en la economía brasileña. En Argentina, el gobierno militar, al oponerse a que el partido de Perón se presentara a elecciones, radicalizaba aun más a los jóvenes peronistas.
En las elecciones chilenas de 1970, la izquierda ganó y el proyecto fracasó. Los Chicago Boys eran poco importantes a la hora de las elecciones. Fue Nixon quien les daría una oportunidad para rehacer el país desde cero. Allende, el nuevo presidente, se comprometió a negociar indemnizaciones justas para compensar a las empresas que perdían propiedades e inversiones. Las empresas estadounidenses le declararon la guerra a su administración, bloqueando los créditos a Chile, evitando comprarle productos y utilizando las reservas nacionales de cobre para provocarles una escasez de dólares.

Lecciones sobre el cambio de régimen: Brasil e Indonesia
Cuando los militares en 1964 tomaron el poder en Brasil, revocaron los programas favorables a los pobres e intentaron convertir al país en uno totalmente abierto a las inversiones extranjeras. También se esforzaron por mantener visos de democracia, incluyendo una delimitada libertad de prensa y de reunión.
Pero como la pobreza iba in crescendo, se utilizaron los pocos canales de expresión para demostrar su descontento y el régimen peligró. Entonces, se eliminaron por completo los restos de la democracia, se negaron todas las libertades civiles y se recurrió a la tortura.
El golpe a Indonesia en 1965, fue contra el presidente Sukarno, quien había redistribuido la riqueza y echado al FMI y al Banco Mundial de su nueva economía proteccionista. Aunque era nacionalista, trabajaba muy unido al Partido Comunista. Para este año, la CIA tenía los nombres de los principales líderes de la izquierda del país. El encargado de cazarlos a todos ellos fue Suharto. En poco más de un mes, medio millón de personas fueron asesinadas. La mafia de Berkeley preparó el plan económico para el futuro del país. Los estudiantes financiados por Ford se convirtieron en los líderes que participaron en el derrocamiento de Sukarno y trabajaron en conjunto con Suharto, desarrollando planes de contingencia.
Los de Berkeley creían que el gobierno debía desempeñar un papel en la gestión de la economía nacional y asegurarse que los productos básicos fueran asequibles. No obstante, fueron generosos con los inversores extranjeros que deseaban las riquezas minerales y la abundancia petrolífera de Indonesia. Así fue como las riquezas naturales se encontraron repartidas entre multinacionales de la industria minera y energética mundial.
Los brasileños habían hecho escaso uso del poder del shock, lo cual había sido un error dado que los adversarios pudieron organizarse en facciones izquierdistas y guerrillas armadas. Por el contrario, Suharto había empleado una represión masiva de forma previa, creando un estado de shock en la población y evitando la resistencia. La forma en la que Suharto llegó al poder está relacionada con todas las operaciones y golpes sangrientos en los que Washington participó. El golpe no solo eliminó la amenaza nacionalista sino que transformó Indonesia en uno de los mejores lugares para los inversores extranjeros.
En Chile, en 1971, tras un año de mandato de Allende, los líderes empresariales organizaron una estrategia para el cambio de régimen. Decidieron que ese gobierno era incompatible con la libertad y las empresas privadas, y que la única forma de evitar el desastre era derrocar al gobierno. Algunos, establecerían relaciones con el ejército y otros, diseñarían programas de gobierno. Más del 75% de la financiación de esta organización de la oposición procedía directamente de la CIA.
El derrocamiento de Allende fue gracias a una colaboración conjunta entre el ejército y los economistas. Los Chicago Boys convencieron a los generales de que podían complementar la brutalidad de éstos con los activos intelectuales de los que carecían.
El golpe de Chile presentó tres formas de shock, empezando por el militar. En segundo lugar, el siguió el tratamiento de choque capitalista, de Milton Friedman, aprendido, básicamente, en la Escuela de Chicago. Al que le siguió Cameron, con la privación sensorial y la aplicación de drogas.
Las tres formas de shock convergieron en los ciudadanos. El militar preparó el terreno para la terapia económica, dado que impedían cualquier tipo de oposición frente a la introducción de medidas económicas.